te conozco y no te conozco
tu mirada clara es mi casa
tu cabello liso mis cortinas
vivo embelesado, sin culpa
ni pasar del tiempo
entre salones llenos de libros
donde camino solo, esperándote llegar
te conozco y no te conozco
tu mirada clara es mi casa
tu cabello liso mis cortinas
vivo embelesado, sin culpa
ni pasar del tiempo
entre salones llenos de libros
donde camino solo, esperándote llegar
Nueva carta
un velero torcido, apuntando al oeste
soy el producto de un amor vencido,
en la sombra del estante
de una gasolinera rural, sin marca
de techo naranja y polvo legado
desde el mediodía eterno
de una promesa suspendida
ni quemada ni muerta
apretando mi pecho
La consecución de tubos fluorescentes
paralelos, en un puente imaginado
me hacen correr a un faro del futuro
sin embargo, me sigue tu recuerdo
fugaz y consumido
en tu ausencia venerada
El gruñido eléctrico
de un ascensor vigilante
hace trilla en mi recuerdo
el torno bronceado del siglo veinte
reposado en hombreras lúgubres
de una maquinaria madre y parca
hogar y tabla de borda
para innumerables registros y despojos
y en mi camisa rígida marcho al desierto
a instalar mi
comedor
Quiero arrullarte en un ramaje blanco
de brazos serpenteantes, anudados
y ofrecer mi hombro, engrosado con tu tacto
al oro emulsionando soles en elipsis
dormirse y despertar en puntos diferidos
es tan trivial como mágico
Me olvido en la ausencia del sabio imaginario
que duda del sol embutido al final de su ventana
Despierto despedido en la lágrima inerte
del suicida en caída libre
y libre floto, navegando quieto
en el aire roto de un adiós no correspondido